1.11.12

Un cero en fantasmas

¿Por qué la narrativa española tiene tan poca tradición el género fantástico?

Una anécdota contada mil veces: el editor Carlos Barral rechazó el manuscrito de Cien años de soledad porque le pareció una cosa "muy fantástica", o sea, no muy seria. No está del todo claro que ése fuera el verdadero argumento de Barral (otras fuentes dicen que encontró la novela de García Márquez demasiado "localista"), pero expresa la percepción, más o menos extendida, de que en la literatura española no hay fantasmas, ni monstruos, ni niñas milagreras, caballos voladores ni momentos de magia. Que este es un país de realistas garbanceros bastante insensibles para lo inexplicable.
¿Es así? "Al contrario que en otros países, aquí se sigue pensando que lo fantástico es un género preadolescente por definición", explica Marga Nelken, crítica de novela negra en ELMUNDO.es. "Nada del otro jueves, si lo pensamos bien. En el 'Banal País de las Etiquetas' que desde siempre ha sido España en cuestiones 'culturetas', se suele sacar todo de contexto. Lo fantástico es para niños al igual que lo humorístico pertenece a una escala menor o lo policíaco está dirigido a lectores de segunda división. Algo similar le ha ocurrido al cómic español, siempre con la cruz a cuestas de ser un entretenimiento para parvulitos. Por desgracia, y ciñéndome a la pregunta, salvo excepciones de peso como 'Alfanhuí', de Rafael Sánchez Ferlosio, o las novelas de Cunqueiro o Ana María Matute, por poner algunos ejemplos, lo fantástico ha sido y sigue siendo visto por muchos lectores como un sospechoso habitual sin posible redención. Una pena, en realidad. Puesto que la Literatura, sin el componente de la fantasía, se queda en algo parecido a un prospecto medicinal. ¿Acaso no es el Quijote, lejos de teorías literarias y otras zarandajas, una genial novela fantástica?".
Ferlosio, Matute... Y José María Merino. Cuando Merino sacó plaza en la Real Academia Española en primavera de 2008, los periódicos celebramos 'la entrada, al fin, de un fantástico' en la RAE. "Bueno, además de Ana María Matute, Javier Marías también tiene algún relato fantástico que está bien. No es que me miren como a un loco, ahí hay de todo", explica el escritor leonés. "Pero, sinceramente, es verdad que en España no se aprecia lo fantástico en otras culturas. Y no será porque no tengamos ejemplos y tradición, tanto en la literatura como en la cultura popular".
Continúe, por favor. "Yo creo que todo esto remite a la Inquisición, que competía con lo sobrenatural. 'Jardín de flores curiosas', de Antonio Torquemada, fue prohibida. Lo mismo con la 'Silva de varia lección', de Pedro Mexía, que son dos libros bastante inocentes en su contenido fantástico. Y desde entonces...".

Moralistas e intelectuales

Laura Gallego recibió ayer la noticia del Premio Nacional de Literatura Juvenil concedido a su novela 'Donde los árboles cantan', llena de aventuras mágico-medievales. O sea, que el tema le toca. "Cuando empecé sí que tenía muy claro que las editoriales con prestigio no publicaban literatura fantástica y, si lo hacían, sacaban obras de autores extranjeros. Yo escribía pensando que no iba a publicar y que, si publicaba, no iba a tener lectores".
"Diría que el desprestigio de lo fantástico viene de las novelas de caballerías, que eran nuestro género mágico. Había una censura moral y una censura de parte de los intelectuales, que está y no está en el 'Quijote', por ejemplo. Desde entonces, no sé por qué, todo lo que oliera a fantástico sonaba a literatura menor, a entretenimiento, a cosas de niños. En otros países, eso no pasa".
Continúa Merino: "En el siglo XIX, por ejemplo, lo fantástico apareció como tema con mucha fuerza en América Latina, mientras que, en España, Galdós y Clarín, se lo tomaban con mucho escepticismo... Los dos escribieron algún cuento fantástico, pero casi como una broma. Y es una pena, porque España fue el país que inventó las novelas de caballerías. A Borges, por ejemplo, le influyó en algún cuento 'El Conde Lucanor', por ejemplo en 'Los dos reyes y dos laberintos'".
"Hoy, con la globalización y el cine, ese prejuicio va cediendo", anuncia Merino. En los cines, por ejemplo, nos hemos acostumbrado a ver 'orfanatos', 'recs', 'amenábares', 'vigalondos'... películas españolas fantásticas con éxito de público sobresaliente. Y Gallego le da la razón: "Yo ya crecí con películas, con series de televisión, con juegos de rol... Leí libros que no estaban disponibles para mis padres, me acuerdo de lo que fue descubrir 'La historia interminable'... La gente de mi edad tiene lo fantástico bien asimilado y no digamos los que tienen 10 años menos. Hay premios, editoriales...".
Marga Nelken, sin embargo, se acuerda de un raro de la generación de nuestros padres. "Ahí va una 'joyita' de la que apenas quedan algunos ejemplares desperdigados en librerías de viejo (esos confortables lugares hoy en vías de extinción). 'El gran ritual (Crónica fantástica)', de un gijonés llamado Juan José Plans del que hoy apenas se acuerda nadie. Lo más curioso es que se publicó estando 'el de Ferrol' aún vivito y coleando, aunque poco, en 1974. La novela es un bombazo que haría palidecer de envidia al mismísimo George R. R. Martin por su osadía y contundencia. A mí me cogió del pescuezo cuando no era más que una adolescente perdida en las sombras del tardofranquismo y no me ha soltado hasta hoy. La recomiendo a gritos siempre que puedo. Es un ejemplo de que la literatura fantástica puede ser, antes que nada, literatura". Si no tienen plan para la noche de difuntos, puede estar bien.

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