2.5.15

Novelas imperdibles de la FILBo

Presentamos una selección de las mejores novelas y reediciones de este año: Echeverri, Davis, Kunikida, Kuroshima y Bejarano

Portada Marea de ratas de Arturo Echeverri Mejía./revistaarcadia.com
ENTRE VIOLENCIAS
Conrado Zuluaga
La muerte de Arturo Echeverri Mejía, a los 46 años, llevó a más de uno a exclamar que se había truncado una ilusión y que su escasa obra era el producto de una vocación tardía. Olvidaron, con una facilidad asombrosa, que hasta un recién nacido –lo dijeron los griegos– ya tiene edad (condición) para morir.
En el caso del escritor antioqueño bastaron los 32 años que median entre el momento en que a los catorce años salió de su casa materna, en 1932, y su fallecimiento en 1964, para experimentar las más diversas condiciones: soldado, suboficial del ejército, teniente de la infantería de marina, navegante, héroe nacional, empresario, colonizador y, por supuesto, escritor.
La primera edición de Marea de ratas es de 1960 hecha por Alberto Aguirre, el mismo editor de la primera edición de El coronel no tiene quien le escriba al año siguiente. Luego vinieron tres más, una de ellas una edición, crítica en 1994. De suerte que una nueva edición veinte años después, en El Peregrino Ediciones, es un hecho que hay qué celebrar.
Marea de ratas es una novela de la violencia que, a diferencia de la casi totalidad de ficciones que generó ese período, es una obra sin sangre y sin el consabido catálogo de atrocidades. Esa es una de sus características más sobresalientes. Al autor, como a García Márquez, no le interesa la insania de unos hechos violentos, le interesan la amenaza, la atmósfera encubierta de violencia que se cierne como nube agorera sobre un personaje o una comunidad.
El otro elemento fundamental de esta ficción, y de toda su obra, es el diálogo. Todos los personajes están en comunicación, opinan, conjeturan. A veces es más lo que ocultan que lo que expresan, pero los diálogos son rápidos, breves, ágiles y propician un desarrollo de los acontecimientos que el lector percibe como hechos irreversibles.
Marea de ratas es una novela fundamental en el panorama de las letras colombianas, como lo son las otras de Arturo Echeverri Mejía, Antares, El hombre de Talara y Bajo Cauca. Hay que confiar en que aparezcan nuevas ediciones en los próximos años.
Marea de ratas
Arturo Echeverri
El Peregrino

EL DISCURSO AMOROSO
Gloria Esquivel
La narradora de El final de la historia quiere escribir una novela en donde pueda retratar, de la manera más fiel posible, los altibajos emocionales que vivió durante los meses en los que sostuvo un romance con un hombre doce años menor que ella. Hurga en sus recuerdos hace un inventario de las peleas que tuvieron, reconstruye con minucia cada palabra que su examante pronunció (o no pronunció), las pocas veces que salieron en público. Desentraña cada uno de los gestos de ese hombre. Se pregunta, hasta el agotamiento, qué circunstancias la llevaron al fracaso amoroso y cada uno de estos interrogantes inevitablemente la hacen pensar sobre el oficio de la escritura.
“Si alguien me pregunta de qué trata la novela, le diré que de perder a un hombre porque no sé qué decir”, admite de manera lacónica, mientras guía al lector por un relato construido a partir de elipsis y silencios en donde la historia del fracaso se ve alternada y, muchas veces, interrumpida por reflexiones sobre la creación literaria y la imposibilidad de convertir esa pena de amor en prosa organizada, estructurada y coherente.
El final de la historia es la única novela de la cuentista norteamericana Lydia Davis. Publicada originalmente en 1995, es considerada una excepción formal dentro de la prolífica carrera de esta escritora que se ha destacado por el uso de un lenguaje preciso y transparente que posibilita que la extrema brevedad de su narrativa se asemeje más al fragmento autorreflexivo que al relato tradicional.
En esta narración, por ejemplo, escritora y amante se superponen. “No sabía si escribía tanto sobre él porque había superado el dolor, o si escribía para intentar superarlo”, admite la narradora, con toda la rabia, el deseo y la esperanza de una amante que intenta desenmarañar su propia historia. El lector se enfrenta a un juego doble. Por un lado, la enumeración de detalles minuciosos (a veces tediosos), que componen una cotidianidad de pareja que intenta sublimarse por medio de la creación. Por otro, una trama que es puesta en duda constantemente con cada recuerdo narrado y la posibilidad de que sea una invención.
Es claro que el proyecto de la novela que quiere escribir la narradora, el proyecto mismo de esta novela, resulta paradójico pues el dolor y el desgarramiento de una separación pertenecen al terreno de lo indecible. Sin embargo, en El final de la historia, Davis logra materializar, con gran lucidez, la idea de que el amor no es nada más, sino una ficción que se construye en soledad.
El final de la historia
Lydia Davis
Alpha Decay

CUENTOS PARA UN CAMBIO DE ERA
Sebastián Chalela Morris
El final de la era Tokugawa en el Japón, conocido por imponentes hechos militares y políticos, no solo develó millares de misterios guardados por costumbres tradicionalistas, férreas políticas de aislamiento y la lenta aceptación de todo lo occidental, sino que también sacudió al mundo de la literatura nipona, produciendo tesoros que son una fortuna de encontrar.
Kunikida, nacido cuatro años después de dicho periodo, creció de la mano de la transformación de su país: una revolución que hizo tambalear las costumbres, el espíritu y los corazones del pueblo japonés. El estudio de la filología inglesa y los intereses literarios del momento llevaron a permear su alma por las obras de autores como Wordsworth y Tolstoi. De allí que en su estilo se deje ver la influencia del romanticismo y del naturalismo sin que encaje definitivamente en una u otra corriente; de allí que sea único en el mundo literario de su tiempo.
Los cuentos de Musashino nos ofrecen fotografías vivas llenas de detalle y maestría. Su representación de la naturaleza hace posible no solo ver, sino experimentar con todos los sentidos, un mundo de imponentes paisajes naturales en cuya belleza palpita un espíritu trascendente. Con igual claridad plasma los caminos por los que deambula el hombre en busca de sentido y realización, y aquellos que le construyen desde su interior, a veces armonizando con su ambiente y otras condenándolo a una vida truncada en el mismo. Su prosa nos conduce a la contemplación, manteniéndonos en el momento presente donde el mundo se revela como un particular regalo de los dioses, tan lleno de belleza, como incomprensible.
La naturaleza, la cotidianidad, los encuentros fortuitos, los misterios del infortunio, son todos pozos de potencial narrativo que el autor explora haciendo uso de la sorpresa, capacidad que considera, como Okamoto, personaje de uno de sus cuentos, “lo único capaz de salvar al hombre de sí mismo”.
Musashino
Doppo Kunikida
Ardicia

RECLAMOS PATRIÓTICOS
Sebastián Chalela Morris
Dos hombres japoneses corren despavoridos y desnudos por la estepa nevada, traicionados por la sangre de un conejo siberiano. Un comandante henchido por los celos condena a toda una compañía a olvidar el calor de las mujeres rusas, enviándolos a buscar un riachuelo perdido entre los árboles cargados de nieve. Un anciano de dientes amarillos que hiede a opio y miedo se retuerce como un gusano en un agujero en la tierra. Un trabajador cae intoxicado en la fábrica de soya donde su padre y su abuelo murieron y lo embarga el temor de que a sus hijos y nietos los aceche el mismo destino maldito. Estas y muchas otras escenas reverberan como una súplica al olvido, un grito de alarma a la ignorancia, un reclamo tajante a la inconciencia de una patria cuyo sistema aplasta al proletariado y le condena a sufrir por siempre su condición desigual, tanto en los campos de batalla agrícola nacionales, como en los de combate sangriento en el extranjero.
El autor nipón Denji Kuroshima, nos presenta con sencillez y sobriedad una mirada íntima al mundo del soldado japonés en la época de la Intervención Siberiana y a la vida de los campesinos en suelos locales, ambos condenados a muerte por la obediencia impuesta por tradición y la deshonestidad de un sistema imperial que les atrapa y les consume, marchitándolos sin remedio. “La guerra no depende de la voluntad de los soldados”, nos dice, concluyendo finalmente que dicha voluntad no existe y que es decapitada de inmediato allí en donde se atreve a asomar la cabeza; ha sido erradicada por la historia de un
Japón bélico en el que los ricos y poderosos han mandado la partida siempre, enviando a los necesitados a perecer en los distintos frentes de batalla que presenta la vida. La colección pone en evidencia la cuchilla helada de los acomodados y el desvalimiento del trabajador común que se ve obligado, incluso por los de su misma condición, a enterrar sus sueños y todo anhelo de superación, guardando como único tesoro su dignidad.
Una bandada de cuervos
Denji Kuroshima
Ardicia


UN EXPERIMENTO CUÁNTICO
Álvaro Robledo

Tartamudo es la ópera prima de la editorial bogotana Animal Extinto y de su autor, Sebastián Bejarano. Es un libro refrescante dentro del panorama nacional, ajeno a las modas y los embelecos de las grandes editoriales y de los escritores que algunos llamarán consagrados. Después de leerla, me atrevería a decir que, tal vez, es también la primera novela cuántica que ha nacido en estas latitudes.

Bejarano nos habla de las posibilidades del lenguaje desde el lenguaje mismo: no es un libro de hondas disquisiciones sesudas, sino que utiliza la palabra y su posible origen, el juego, “mirar el juego como un juego”, en el campo de la potencia, de lo que puede ser para dejar de serlo una vez es definido. Esto puede sonar discursivo o incluso tonto, pero como el mismo autor nos lo dice: “uno nunca sabe cuáles son los misterios que se esconden detrás de las cosas tontas”.

La novela, si de una novela se trata, aun cuando es un texto con mayores alcances y mayores imbricaciones que los de una simple narración lineal, nos invita a preguntarnos por el núcleo de uno de los elementos que nos hacen humanos: las palabras y su forma de nombrar el mundo. A lo largo de las páginas, nos incita a “creerle a las ideas, a la intuición de que hay algo más. Creerle a las preguntas simples”. Es, en últimas, una larga y variable pregunta en torno al silencio, un silencio que “no está en el texto, sino en el lector”.

Uno de los personajes centrales de la narración es el físico bogotano Luis Alberto Barco, quien postula la palabra cuántica: “las palabras, las sílabas y las letras podían estar en dos lugares a la vez, experimentando saltos de energía o cuantos”. Es él quien propone la posibilidad de ser hablante y mudo a la vez, “una nueva especie de tartamudez poética”.

Con este, su primer libro, Sebastián Bejarano trae una corriente de aire fresco, una voz distinta que no pretende otra cosa que seguir las huellas de las palabras que cita de Jean Cocteau: “desencantado de las letras, quise superar la literatura y vivir mi obra”.

Tartamudo
Sebastián Bejarano
Animal Extinto

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